¿Por qué el ingeniero-jefe de Ferrari no conduce como Fernando Alonso, si sabe mejor que él cómo funciona el coche? ¿Por qué el director del conservatorio no canta como Plácido Domingo, si sabe más historia de la Música? ¿Por qué el informático que ha inventado el software para examinar las habilidades de Cristiano Ronaldo no se las aplica? Entonces, ¿por qué alguien cree que los técnicos pueden sustituir a los políticos?
Otra cosa es la obligación de reivindicar buenos políticos. Y, además, decir de una vez que no todo el mundo está capacitado para liderar la sociedad. Pero ¿desde cuándo un ordenador escribe novelas? ¿Acaso no se usa el teclado para expresar una creatividad que queda muy lejos de las habilidades de los circuitos electrónicos?
Un técnico metido a gobernar sin un proyecto político no es nadie. Como si pongo la sartén en el fuego al lado de los ingredientes y me siento a esperar a que salga una tortilla de patata.
Los gobiernos tienen que tener alma. Esto es: principios, iniciativa, riesgo, ambición, ideología, vida. De ahí nace el entusiasmo, la creatividad, el avance, la posibilidad de cambiar las cosas. Y gracias a la política libre existe el debate, la discusión, la obligación de mejora, la subjetividad de los matices.
Si un técnico dice una mentira como que no tenemos alimentos para toda la población del mundo, parece que nos tenemos que callar: se basa en algoritmos, cantidades y estadísticas. En cambio, si lo dice un político, estamos obligados a discutirlo porque eso es democracia. Nuestra libertad está basada en que podamos debatir. Unas veces acertaremos y otras terminaremos reconociendo nuestros errores, pero nuestro sistema de convivencia consiste en que podamos reflexionar y en que, al final, todo quede equilibrado.
Los técnicos lo harán bien si, por encima de la tecnología, existe liderazgo, principios y estrategia.
Otra cosa es que nos encontremos en un momento en que nuestros gobernantes de Occidente hayan cambiado liderazgo por populismos, principios por intereses y estrategia por tácticas.
No hacen falta técnicos salvadores: hacen falta políticos de raza.
Ya sé que es más difícil encontrarlos, pero los necesitamos.




