Nuevatelevisión

Switch to desktop Register Login

Miguel Ángel Rodríguez

Miguel Ángel Rodríguez

Miguel Ángel Rodríguez (MAR) es analista político, periodista y escritor. Empezó como periodista en su cuidad natal, Valladolid, como redactor del Norte de Castilla. De 1996 a 1998 fue Secretario de Estado y Portavoz del Gobierno, En 1998 abandonó la política activa y pasó a ser presidente de la multinacional CARAT España (de 1999 a 2006). A partir de 2004, sus actividades principales son el periodismo, la Comunicación, el asesoramiento de imagen y la literatura. Es autor de seis novelas.

URL del sitio web: http://www.nuevatelevision.es/mar-brava

GOBIERNOS SIN ALMA

Publicado en Mar Brava

¿Por qué el ingeniero-jefe de Ferrari no conduce como Fernando Alonso, si sabe mejor que él cómo funciona el coche? ¿Por qué el director del conservatorio no canta como Plácido Domingo, si sabe más historia de la Música? ¿Por qué el informático que ha inventado el software para examinar las habilidades de Cristiano Ronaldo no se las aplica? Entonces, ¿por qué alguien cree que los técnicos pueden sustituir a los políticos?

Otra cosa es la obligación de reivindicar buenos políticos. Y, además, decir de una vez que no todo el mundo está capacitado para liderar la sociedad. Pero ¿desde cuándo un ordenador escribe novelas? ¿Acaso no se usa el teclado para expresar una creatividad que queda muy lejos de las habilidades de los circuitos electrónicos?

Un técnico metido a gobernar sin un proyecto político no es nadie. Como si pongo la sartén en el fuego al lado de los ingredientes y me siento a esperar a que salga una tortilla de patata.

Los gobiernos tienen que tener alma. Esto es: principios, iniciativa, riesgo, ambición, ideología, vida. De ahí nace el entusiasmo, la creatividad, el avance, la posibilidad de cambiar las cosas. Y gracias a la política libre existe el debate, la discusión, la obligación de mejora, la subjetividad de los matices.

Si un técnico dice una mentira como que no tenemos alimentos para toda la población del mundo, parece que nos tenemos que callar: se basa en algoritmos, cantidades y estadísticas. En cambio, si lo dice un político, estamos obligados a discutirlo porque eso es democracia. Nuestra libertad está basada en que podamos debatir. Unas veces acertaremos y otras terminaremos reconociendo nuestros errores, pero nuestro sistema de convivencia consiste en que podamos reflexionar y en que, al final, todo quede equilibrado.

Los técnicos lo harán bien si, por encima de la tecnología, existe liderazgo, principios y estrategia.

Otra cosa es que nos encontremos en un momento en que nuestros gobernantes de Occidente hayan cambiado liderazgo por populismos, principios por intereses y estrategia por tácticas.

No hacen falta técnicos salvadores: hacen falta políticos de raza.

Ya sé que es más difícil encontrarlos, pero los necesitamos.

Resetear a Zapatero

Publicado en Mar Brava

Reseteando a Zapatero

Ya ni le citan en los mítines. Sus amigos no han esperado a verle salir por la puerta para despreciarle. Se supone que antes de un mes le habrán despellejado. Son los mismos que le adulaban hace un año: los que le pedían favores y trabajos; los que le mostraban fe ciega y lealtad.

Van a enterrarle sin epitafio. Retirarán su foto de las sedes y su biografía de la historia del partido. Les dio una victoria cuando nadie la esperaba y les hundió más allá del barro cuando se creyeron eternos.

Si le aplauden, derriten un rastro de pena en las manos; cuando te susurran críticas, les sale el odio de los conversos. Sí, ese tipo les ha borrado del mapa y tardarán años en sobreponerse; ha convertido las siglas del socialismo en apestosas. Su sectarismo se ha vuelto contra él; su torpeza mancha a todos sus correligionarios.

Cuando en España un político sea demagogo, o inútil, dirán de él “no seas un Zapatero”; esta es la herencia: por eso ni le citan en los mítines.

No sé si trabajará de “supervisor de nubes” o barrerá los infiernos, pero buscaremos su rastro en la “memoria histórica” cuando los niños que hoy estudian “Educación para la Ciudadanía” tengan capacidad para reflexionar y se pregunten quién se empeñó en cambiarles enseñanza real por ideas pueriles.

Ha desaparecido. No por voluntad propia: le han desahuciado. Le mandar callar y, además, se agarran a Felipe González para proclamar “alguna vez los socialistas hicimos algo en España”. No cabe mayor humillación.

Zapatero quiso eliminar la Transición; el PSOE se está dedicando a desautorizar sus siete años en el poder.

Tiene un consuelo: hasta el resto de sus días, vivirá con un buen sueldo. Pero si los socialistas pudieran, se lo quitarían.

Fórmula del futuro socialismo: Selec Zapatero: crtl+alt+del

España, estancada

Publicado en Mar Brava

Portada del libro "Así habló Zapatustra"

Muy difícil encontrar palabras educadas para definir lo que Zapatero le ha hecho a España. Siete años para no olvidar, como no se olvida a los culpables de los desastres. Ya lo describí en el ensayo “Así habló Zapatustra”: el peor presidente que hemos conocido.

Mirad a sus apologetas: anduvieron mofándose de que Aznar apareciera con el presidente de Estados Unidos fumándose un puro. Decían que fue pago por apoyarle en la guerra de Irak. Mandar un barco hospital nos permitió esos lujos. ¿Dónde quedan ahora esos aduladores de Zapatero que callan cuando ha firmado la instalación del primer escudo antimisiles de Europa, diseñado por USA, precisamente, contra los países de la “alianza de las civilizaciones”? Aquí está la diferencia: Aznar ponía los pies encima de la mesa de los grandes y a Zapatero los grandes le han dado una patada en el culo. ¿Por qué callan si ni siquiera ha conseguido nada para España? ¿Mil puestos de trabajo? Necesitamos cinco millones.

Porque esa es la cifra que lega el peor jefe del peor Ejecutivo que hayamos conocido: cinco millones de personas buscando empleo. Millones de españoles en situación desesperada. Más de un millón y medio de familias en mentalidad de supervivencia de posguerra. Muchos acuden a CÁRITAS, institución de la Iglesia a la que Zapatero persiguió.

Pasó Zapatero y dejó España como si hubiera sido arrasada en una guerra.

Lo malo es que no hay cascotes en las calles; no vemos heridos en los hospitales; no oímos los lamentos de los que se han quedado sin nada. Aunque están ahí y necesitan de nuestra solidaridad.

Imposible hablar de solidaridad en la España sectaria y egoísta ese presidente que quiso poner un “cinturón sanitario” para aislar a los que no piensan como él; aquel que despilfarró el dinero en su ‘Plan E’ que nos llenó de aceras y rotondas una España insolidaria, dividida por los nacionalismos a los que él se encargó de mimar.

El fracaso de este izquierdista radical en el poder supone un gravísimo peso para nuestro futuro, muy difícil de sobrellevar. Vamos a tener que vender el Museo del Prado para pagar las deudas, o los edificios de las mejores embajadas, o el Palacio de La Moncloa. De algún sitio hemos de sacar el dinero que nos hace falta para volver a ser una sociedad normal, exactamente lo contrario que él diseñó y que se ha convertido en su tumba política.

Que nadie olvide lo que nos hizo este hombre; que ninguno como él vuelva a destrozarnos.

Participación en la vida pública

Publicado en Mar Brava
Congreso de los Diputados

Corren tiempos en que dedicarse a la política se ha convertido en la profesión de mayor desprestigio. Al menos, los narcotraficantes y las prostitutas de lujo se compran su buen nombre con el dineral que ganan. Un político, ni eso puede hacer.

En España, increíblemente, nos hemos cargado las bondades de la gente que vive para intentar resolver los problemas de todos, y quienes, en ese intento, procuran abrir debates públicos para que las decisiones emanen del pueblo tras una discusión amplia. El resultado será bueno o menos bueno, pero la intención no tiene mácula de duda.

Así entienden su oficio de político miles de personas. Ciertamente, unos pocos caraduras que han usado sus cargos para robar, han conseguido que estas palabras que he escrito suenen a anhelo inocente. Pero sé lo que digo: en todos los partidos ha habido mala gente, pero la inmensísima parte de los cargos públicos es gente de ley, con quienes se puede discrepar, pero en quienes se debe confiar.

La participación en la vida publica es imprescindible. Y para pensar en las soluciones a los problemas de todos necesitamos a los mejores. Es insensato dejar la política en manos de aquellos que acaban ahí porque no sabían hacer otra cosa. Tienen que estar los mejores.

Ahora bien: si nos permitimos insultar a todos por igual midiendo por el rasero de los ladrones y los tontos; si nos dedicamos a humillarlos, y si la política solo sirve para el grito compulsivo y no para el debate sereno, terminarán gobernándonos los menos preparados que resultan, normalmente, los más zorros para enriquecerse.

Pongo un ejemplo de la situación actual: un político tiene que desnudarse en público y contar su patrimonio. Si tiene mucho, le critican; si tiene poco, se ríen de él. Y quienes lo hacen no están obligados a declarar cuánto ganan ni cómo lo ganan ni por qué lo ganan. Además, piden del político que resuelva los problemas, todos los problemas y ahora mismo, ¡ya! Parece que una buena parte de la sociedad querría que se dedicaran a la política los monjes de clausura con capacitación milagrera.

No es extraño que exista desánimo entre los jóvenes para reflexionar en términos políticos. Es mucho mejor aspirar a ser cantante: si cantas mal, ¡ni siquiera te critican!

Pero no podemos seguir así. Cada cual defenderá su ideología, sus aspiraciones, sus soluciones a los retos de esta sociedad en crisis, pero es obligado hacerlo. Los jóvenes tienen que acercarse a la política, no para obtener un cargo ni un sueldo, sino para contribuir a pensar profundamente en España y en los españoles; en los problemas de hoy y en los que ya se prevén de mañana.

Jóvenes que se entusiasmen con el reto de resolver conflictos que aún no están ni pensados, con la seguridad de que la sociedad estará esperando de ellos que nos entreguen sus mejores ideas, a cambio, eso sí, de no ser insultados ni desprestigiados.

Busquemos jóvenes serios para debatir sobre los problemas serios; y luchemos denodadamente por prestigiar a los políticos, pues es mejor votar a quienes pretendan resolver nuestros problemas que encontrarnos con que nos gobiernan aquellos que se han subido ahí para resolver su vida.

MAR.

Artículo publicado en la revista ‘La pecera’

Una humillación sin sentido

Publicado en Mar Brava

Ale, ya se puede cotillear en Internet el patrimonio de los políticos. Vaya humillación. Es insensato intentar prestigiar la política al mismo tiempo que se denigra a los principales actores. En un país en el que no se obliga a publicar los sueldos de los ejecutivos de empresa ni de los representantes sindicales, se humilla a los políticos escrutando sus propiedades y sus ahorros.

Ser político no es más difícil que otro trabajo, pero tampoco es más fácil. Si seguimos humillando a nuestros representantes con toda clase de actuaciones que ahondan en un trato de desdén cercano al desprecio, no sé quién se va a dedicar a gestionar los bienes públicos. Y es imprescindible que en ese empeño contemos con gente de primera división.

Así pues, en esta España de cinco millones de parados y con una crisis cultural y social sin precedentes, nos dedicamos a humillar a quienes tienen la responsabilidad de guiarnos; o, al menos, de proponer vías de escape. Pero me parece difícil que les podamos exigir excelencia si cada día tienen que defenderse de ataques humillantes. Ya no solo somos libres de insultarles sin medida: además, podemos reírnos de ellos igual si tienen mucho dinero ahorrado que si tienen poco.

¿Y qué ganamos con esto? ¿Es que alguien se cree que así se lucha contra la corrupción? ¿Que así lograremos una clase política más decente? Pues no. Así lo único que conseguimos es que haya mucha gente que cuando se le llama a ocupar puestos en la administración responda “no, gracias; de mí no se ríe nadie”.

© Sitio web Nuevatelevisión. Todos los derechos reservados. Editor: Miguel Ángel Rodríguez, Redactor jefe: Óscar Palacios, Sociedad: María Esther Fernández, Administración y Publicidad: Esther Sanz, Contenidos audiovisuales: Alejandro López

Top Desktop version