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Un juzgado de Figueras ha abierto diligencias para investigar los fuegos de Gerona, en los que han muerto cuatro personas. Todo indica que los dos incendios fueron provocados.
Agentes rurales creen haber encontrado la colilla que inició el fuego del Ampurdán, y ahora los investigadores intentarán extraer el ADN para identificar a la persona que pudo cometer la imprudencia.
Siguen el rastro del fuego y descifran su trayectoria hasta saber donde y cómo se originó, ya que un incendio siempre deja pistas que les conducen hasta el foco de inicio.
La mano del hombre está detrás de más del 85 por ciento de los incendios forestales. Los dos del alto Ampurdán se atribuyen a un cigarrillo mal apagado.
Los agentes rurales han encontrado más de un centenar de colillas en la zona. Ahora tratan de identificar cual de ellas podría haber originado el fuego.
En el laboratorio intentarán extraer el ADN para tratar de identificar al autor. Una tarea casi imposible, según los expertos, porque en una zona arrasada por las llamas rara vez se encuentran huellas dactilares o restos genéticos. Más sencillo es encontrar artefactos, mechas con retardantes o frascos cargados de combustible, las armas de los pirómanos que año tras año arrasan nuestros montes.
Las llamas arrasan el 90% del municipio de Capmany, en Girona
El incendio que ha arrasado miles de hectáreas en la zona del Alt Empordà se ha llevado por delante el 9 % del término municipal de la localidad gerundense de Capmany y con ello la casa y todo lo que poseía una familia formada por ocho personas.
Capmany es un pueblo absolutamente rodeado de cenizas y bosques arrasados por el fuego que, aunque han respetado la gran mayoría de las casas, se ha llevado por delante alguna vivienda, como la de esta familia formada por un matrimonio, sus trillizos, su hija de un año y medio y los padres de la mujer.
"Estoy intentando asimilarlo, estoy entre la pesadilla y el sueño. No se qué pensar, las noches me las paso pensando en todo lo que tenía allí, lo que ya no tengo", ha explicado a Efe entre sollozos Lydia de la Rubia, natural de Mallorca y vecina de Capmany desde hace años.
Lydia recuerda con claridad como el día del incendio el cielo se volvió naranja: "nos asomamos a la azotea de casa y vimos que había fuego en Le Perthus, pero parecía lejos".
La familia hizo la última comida en su casa ese mismo domingo, día 22, después volvieron a mirar el incendio desde la azotea y vieron que las llamas estaban ya a pocos kilómetros y que el viento de tramuntana las avivaba y extendía rápidamente.
"Salí de casa con losniños y mi madre hacia el pueblo con lo puesto.Pensábamos que los bomberos lo apagarían, pero estaba totalmente descontrolado y con ese viento era imposible", ha rememorado Lydia.
Su padre y su marido se quedaron mojando toda la propiedad, una familiar situada en lo alto de Capmany, pero a los pocos minutos los bomberos evacuaron la zona de urgencia, ya que las llamas estaban a punto de arrasarlo todo, como finalmente ocurrió.
Los padres de Lydia regentan la "Casa Fraternal", una mezcla de cafetería y club social en el centro del pueblo, pero el local es del ayuntamiento. Ella no tiene trabajo y su marido sólo trabaja media jornada, según ha relatado.
"Lo he perdido todo, he salvado al perro y de milagro, toda la casaarrasada. Las fotos, los recuerdos, todo, la cuna, las cosas de los niños", ha recordado entristecida mientras explicaba que los trillizos se han ido a vivir unos días con su hermana, hasta que sepan cómo podrán organizarse.
Lydia de la Rubia se ha quedado en Capmany con sus padres y su hija de un año y medio "que está muy nerviosa y come poco". De momento se quedarán a vivir en una casa que tenían alquilada en el pueblo y que hace poco se quedó sin inquilinos, pero esa es una casa "totalmente vacía, sin muebles, sin ropa, sin nada".
De la Rubia ha agradecido el comportamiento de algunos de sus vecinos que ya les han dado colchones y ya les han pedido cuáles son sus tallas para poder darles ropa y salir del paso, mientras van viendo como a su alrededor todo ha sido arrasado.